El Carnaval de Lincoln tiene una historia de 130 años. Ya en 1889 se registran las primeras colaboraciones de la comuna con la organización de los festejos que contaban con una animada concurrencia de los pobladores.

Sin embargo, fue en 1928 cuando se produjo el gran quiebre. En los carnavales de ese año, el profesor  Enrique Alejandro Urcola sumó sus conocimientos de artista plástico e incorporó la técnica de cartapesta, una de las características del carnaval de Lincoln a lo largo de su historia. La cartapesta le permitía lograr el modelado de grandes figuras caricaturescas sobre esculturas de barro mediante la superposición de trozos de papel con engrudo, técnica que también desarrollaba en sus trabajos de escenografía en el Teatro Colón.

Ese año, Urcola confeccionó una carroza con movimientos a la que llamó “Los Peliculeros” y dio origen a lo que con el tiempo se convertiría en el principal atractivo de esta tradición artesanal que ya suma más de 90 años y que ostenta una costumbre popular que se asemeja al Carnaval de Viareggio, en el norte de Italia, por la calidad de los trabajos y el espíritu carnestolendo que anima esta celebración.  

Con la llegada de las nuevas camadas de carroceros los trabajos fueron superándose en calidad, no sólo por los ingeniosos personajes elegidos sino también por la cuidadosa técnica de realización que permitía el detalle sutil de los gestos y una producción que el público premiaba con exclamaciones y aplausos.

A lo largo de los años surgieron las minicarrozas, las máscaras sueltas y los cabezudos. Estas atracciones de cartapesta, junto a las carrozas, representan verdaderas expresiones populares y marcan la identidad creativa y colectiva del carnaval linqueño.